Resumen del capítulo sobre Venezuela del libro de John Bolton “The Room Where it Happened” (“La habitación donde sucedió”)

Como es de conocimiento general, Venezuela ha denunciado en todos los espacios y foros internacionales la campaña de amenazas, agresiones y ataques constante que ha intensificado el Gobierno supremacista de Donald Trump contra la paz y la tranquilidad del Pueblo venezolano. Lo ha hecho con firmeza, determinación y contundencia, pues tiene la obligación moral de defender nuestra sagrada soberanía, nuestra libertad plena, la inalterable independencia e integridad territorial que heredamos de nuestros próceres desde 1810. Esta lucha sin descanso la hemos librado con solidos argumentos que la realidad empírica ha confirmado y que todos ustedes conocen.

 

Ahora bien, hemos considerado pertinente presentarles un resumen del capítulo dedicado a Venezuela en el publicitado libro del ex Asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, intitulado “The Room Where it Happened” y lanzado al público el pasado 23 de junio de 2020, el cual contiene elementos fidedignos que comprueban la estrategia de intervención y el plan injerencista aplicado contra Venezuela por parte de la Administración de Donald Trump. No se trata de un vocero del Gobierno venezolano ni de un país aliado de Venezuela, es ni mas ni menos que el mas alto consejero presidencial de la Casa Blanca para temas de Seguridad y Defensa.

 

Capítulo intitulado “Venezuela Libre”:

 

Al calificar al Gobierno Bolivariano como “régimen ilegal”, el ex Asesor de Seguridad Nacional sostiene que Venezuela “brindaba una oportunidad para el Gobierno de Trump, aunque ello requería una determinación constante de nuestra parte y una presión implacable, consecuente y total”.

 

Ante el fracaso evidente de esa política injerencista, se lamenta que Estados Unidos no pudo estar a la altura que la situación exigía, pues, “el Presidente -Trump- vaciló y erró, lo que exacerbó los desacuerdos internos del Gobierno en lugar de resolverlos, e impidió, en reiteradas ocasiones, nuestros esfuerzos de aplicar una política (exitosa)”.

 

Según John Bolton, “los opositores a Nicolás Maduro actuaron en enero de 2019 porque estaban convencidos que esa podía ser su última oportunidad tras años de intentos fallidos. Los Estados Unidos respondieron porque era nuestro interés nacional hacerlo. Y lo sigue siendo, y la lucha continúa”.

 

Seguidamente, el autor confiesa que, “con posterioridad a los esfuerzos infructuosos para derrocar a Nicolás Maduro, el Gobierno de Trump no vaciló en tratar públicamente y en detalle lo cerca que había llegado la oposición de desbancar a Maduro, y lo que había salido mal”. Para tal efecto, revela que escuchamos a muchos miembros del Congreso, ciudadanos privados de los EE.UU., en especial de los miembros de las comunidades cubano-americana y venezolano- americana en La Florida.

 

El ex Asesor de Seguridad Nacional lamenta y reconoce que “hay una historia de veinte años de oportunidades perdidas en Venezuela…”, recordando el intento de magnicidio ocurrido “mientras Maduro hablaba en una ceremonia de condecoraciones militares el 4 de agosto de 2018, y fue atacado con dos drones. El ataque no tuvo éxito…”.

 

Según Bolton, el gobierno de “Maduro constituía una amenaza debido a su relación con Cuba y las oportunidades que le brindaba a Rusia, China e Irán…El presidente vio este riesgo y, luego de una llamada al presidente de Egipto Abdel Fattah Al-Sisi el día de Año Nuevo de 2019, me dijo que le preocupaba Rusia y China: “No me quiero quedar sentado mirando”, habría afirmado Trump, es decir de brazos cruzados sino actuar.

 

Ante la instrucción presidencial, Bolton precisa que “Venezuela no estaba en mis prioridades cuando empecé mi gestión como Asesor de Seguridad Nacional, pero una gestión competente de la seguridad nacional exige flexibilidad cuando surgen nuevas amenazas u oportunidades. Venezuela era ese tipo de contingencia. Los Estados Unidos habían hecho frente a las amenazas externas en el hemisferio occidental desde la época de la Doctrina Monroe, y ya era hora de resucitarla…”.

 

En este sentido, para John Bolton “Venezuela era una amenaza por sí misma (…) y Poco después del ataque con drones, durante una reunión que no guardaba relación con el país, el 15 de agosto, surgió el tema de Venezuela, y Trump me dijo de manera enfática “Que lo hagan”, es decir que me deshiciera del régimen de Maduro. “Esta es la quinta vez que lo pido”, continuó diciendo (…) Trump insistió en que quería opciones militares para Venezuela y, luego, quedársela porque “es realmente parte de los Estados Unidos”. Este interés del Presidente en analizar opciones militares me sorprendió al inicio, pero no debía haberlo hecho…”.

 

Al respecto, Bolton recuerda que, el 11 de agosto de 2017, en Bedminster, Nueva Jersey, ya Donald Trump había declarado que: “Tenemos muchas opciones para Venezuela y, por cierto, no voy a descartar la opción militar. Tenemos muchas opciones para Venezuela. Es nuestro vecino…—estamos por todo el mundo y tenemos efectivos en todo el mundo, en lugares que están muy pero muy lejos. Venezuela no está muy lejos (…). Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluida una posible opción militar si fuera necesario.”

 

De acuerdo con el ex alto funcionario, habría explicado al presidente Trump “porqué la fuerza militar no era la respuesta, (…) y que podíamos alcanzar el mismo objetivo trabajando con los opositores de Maduro”.

 

Bolton sostiene que “posteriormente decidí centrar la atención en Venezuela” y “Anuncié que el Gobierno, al poner marcha atrás a la política de Obama hacia Cuba, impondría nuevas sanciones contra La Habana, y que también emitiría una orden ejecutiva para castigar el sector aurífero venezolano”.

 

Para el ex Asesor de Seguridad Nacional, “el gran momento en Venezuela llegó el viernes, 11 de enero. El nuevo y joven presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, anunció en una gran manifestación en Caracas que la Asamblea (…) había declarado vacante la Presidencia de Venezuela. A tenor de la cláusula de ausencia presidencial de la Constitución del propio Hugo Chávez, Guaidó planteó que él se proclamaría Presidente Interino el 23 de enero (…), y que sacaría a Maduro para preparar nuevos comicios”.

 

Con descaro y cinismo, Bolton revela que “Los EE.UU. se habían enterado a última hora que la Asamblea Nacional daría un paso en esa dirección. Nosotros no desempeñamos ningún papel para alentar o ayudar a la oposición. Ellos vieron este momento como su última oportunidad posible. Ahora todo estaba en juego en Venezuela, y teníamos que decidir cómo responder. ¿Sentarse y mirar? ¿O Actuar? Yo no tenía dudas de lo que debíamos hacer. La revolución había comenzado…”.

 

Conforme a sus revelaciones, John Bolton destacó que: “Lo más importante es que comenzamos a diseñar pasos que se deberían tomar de inmediato contra el régimen de Maduro, y también contra Cuba (…), y Nicaragua. ¿Por qué no arremeter contra los tres a la misma vez? Las sanciones al sector del petróleo eran la opción natural, pero ¿por qué no declarar a Venezuela un “Estado patrocinador del terrorismo”, algo que yo había sugerido por primera vez el 1º de octubre de 2018, y también volver a poner a Cuba en la lista después de que Obama la sacara?”

 

De acuerdo con Bolton, para alcanzar este objetivo era necesario “llevar la producción del monopolio estatal del petróleo al nivel más bajo posible, lo cual gozaba con el apoyo pleno de la oposición, siempre que pudiera haber sido suficiente para derrocar al gobierno de Maduro. Hacía falta otras sanciones necesarias para eliminar las entradas ilícitas de ingresos (…) pero era clave golpear la empresa petrolera”.

 

Para poner en marcha este plan, John Bolton resalta que el 14 de enero de 2019 convocó a una reunión de la Directiva de la Sala Situacional de la Casa Blanca, “para analizar las opciones de sancionar al gobierno de Maduro, en especial en el sector del petróleo. Pensaba que ya     era hora de apretar las tuercas y pregunté “¿Por qué no vamos por la victoria?”. En tal sentido, precisa que, durante el encuentro, Keith Kellogs, Asesor de Seguridad Nacional del Vicepresidente de Estados Unidos “añadió que Mike Pence pensaba que debíamos “ir con todo” contra la empresa estatal petrolera de Venezuela…”.

 

Según Bolton, “estábamos actuando con rapidez” y Pence llamó a Guaidó para “brindarle nuestro apoyo”, subrayando que “la llamada salió bien, y aumentó la urgencia de que los Estados Unidos reaccionaran con algo más que una retórica de elogios a la Asamblea Nacional venezolana (…).

 

Para Bolton, ahora era que teníamos una oportunidad de derrocar a Maduro, y que pudiera pasar mucho pero mucho tiempo antes de que tuviéramos otra oportunidad tan buena como esta. Con medias tintas no se iba a resolver nada…”.

 

De acuerdo con el testimonio de John Bolton, “Trump dudaba de que Maduro cayera, diciendo que “era demasiado inteligente y demasiado duro”, lo cual era otra sorpresa habida cuenta de los comentarios anteriores -de Trump- sobre la estabilidad del gobierno venezolano…”.

 

En un supuesto cambio de estrategia, Bolton manifiesta que mientras el tiempo transcurría, “más cuenta me daba de que la decisión sobre el reconocimiento político era más importante ahora que las sanciones al petróleo. En primer lugar, el reconocimiento de los Estados Unidos hubiera tenido grandes implicaciones para la Junta de la Reserva Federal y, en consecuencia, para todos los bancos del mundo. La Reserva Federal hubiera traspasado automáticamente el control que tuviera de los activos del gobierno venezolano al Gobierno encabezado por Guaidó (…) la lógica de las sanciones al monopolio petrolero del país (…), sería irrefutable una vez que endosáramos la legitimidad de Guaidó…”

 

Para concretar ese reconocimiento, después de una reunión del alto gobierno, Bolton confiesa que “hablé con Trump, quien ahora quería garantías sobre el acceso a los recursos petrolíferos de Venezuela en una etapa posterior a Maduro, tratando de asegurar que China y Rusia no siguieran beneficiándose de sus negocios (…) Le sugerí a Pence que le planteara la cuestión a Guaidó en la llamada que estaba programada, y Trump estuvo de acuerdo…”

 

Bolton revela que: “También llamé a varios miembros de la delegación parlamentaria de La Florida, quienes venían a ver a Trump para tratar el tema de Venezuela, para que estuvieran preparados si se planteaba el tema de los yacimientos petrolíferos. Los senadores Marco Rubio y Rick Scott, y los congresistas Díaz-Balart y Ron DeSantis dieron un contundente apoyo al derrocamiento de Maduro, y Rubio afirmó: “Esta puede ser la última oportunidad”, y que ese éxito pudiera ser “una gran victoria de política exterior (…) La conversación fue muy útil y Trump estuvo inequívocamente de acuerdo en reconocer a Guaidó, lo que Pence, que participó en la reunión, estaba plenamente dispuesto a hacer. Más tarde Trump añadió “Quiero que diga que será extremadamente para los Estados Unidos -el petróleo- y para nadie más”.

 

Según el ex Asesor de Seguridad Nacional, más allá del reconocimiento a Guaidó, “Trump todavía quería una opción militar, y planteó la cuestión a los republicanos de La Florida (…)  Ninguno de nosotros pensaba que una opción militar fuera aconsejable en este momento. Para mí, este ejercicio era solamente para mantener a Trump interesado en el objetivo de derrocar a Maduro, sin gastar en realidad mucho tiempo en algo sin posibilidades de éxito (…) Trump comentó más tarde que yo había tenido que retenerlo. Tenía razón respecto de Venezuela…”.

 

Sobre los detalles de la llamada de Mike Pence, John Bolton afirma que “Guaidó se mostró muy agradecido por apoyo” (…), y los dos sostuvieron una excelente conversación. Pence expresó una vez más nuestro apoyo, y Guaidó respondió positivamente (…) Dijo que Venezuela estaba muy contenta con el apoyo que los Estados Unidos le brindaban y que trabajarían codo a codo con nosotros (…) Tras la llamada, me incliné hacia el escritorio de Pence para estrecharle la mano y decirle: “Este es un momento histórico”.

 

Al comentar la declaración formulada el 23 de enero de 2019 en reconocimiento a a Guaidó, Bolton señala que revisó con el presidente Trump “el proyecto de declaración que se emitiría cuando la Asamblea Nacional invocara formalmente la Constitución venezolana para dar el paso contra Maduro…” y, tras los acontecimientos acaecidos en Caracas en esa fecha, “la suerte estaba echada. Pence vino a estrecharme las manos y, de inmediato, sacamos la declaración de Trump. Temíamos un despliegue inminente de efectivos (…) La Embajada de Caracas presentó sus credenciales ante el nuevo gobierno de Guaidó, junto con los embajadores del Grupo de Lima, como muestra de apoyo” subrayando que informó “a Trump acerca de los acontecimientos del día, y parecía mantenerse firme”.

 

En cuanto a las alianzas internacionales en sus acciones contra Venezuela, Bolton afirma que “el ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Jeremy Hunt, que estaba en ese momento en Washington para asistir a unas reuniones, estuvo encantado de cooperar con las medidas que pudieran tomar, por ejemplo: congelar los depósitos de oro de Venezuela en el Banco de Inglaterra (…) Estas eran el tipo de medidas que estábamos aplicando para ejercer presión económica sobre Maduro…”

 

Al mismo tiempo, el ex Asesor de la Casa Blanca en materia de Seguridad Nacional expresó que “insté a Mike Pompeo a recabar aún más el apoyo del Departamento de Estado en los esfuerzos contra la compañía petrolera estatal venezolana…”

 

Ante la postura institucional mantenida por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de apego a la Constitución y de apoyo al presidente Nicolas Maduro, Bolton señala que provocó “la primera señal inquietante que mostró Trump”, pues al referirse a Venezuela dijo: “No me gusta lo que estoy escuchando”. Y el presidente Trump “estaba preocupado por la conferencia de prensa del ministro de la Defensa Vladimir Padrino, donde decía que: “Todo el Ejército apoya a Maduro”. Luego el presidente Trump añadió: “Siempre dije que Maduro era duro. A este muchacho [Guaidó] nadie lo conoce”. Además, “los rusos han        hecho declaraciones contundentes”.

 

John Bolton confiesa que “calmó” a Trump y “debido a la incertidumbre sobre los hechos. Estaba seguro de una cosa: cualquier muestra de indecisión por parte de los Estados Unidos socavaría todos los esfuerzos (…) Esto es algo que no se puede inventar”.

 

Ante la supuesta indecisión de Trump sobre Venezuela, Bolton confesó que llamó al Secretario de Estado “para garantizar que Pompeo no estuviera a punto de seguirlo. Afortunadamente, la reacción de Pompeo fue todo lo contrario, y dijo: “Haremos todo lo posible” para sacar a Maduro. Alentado por esto, luego llamé a Claver- Carone para que se comunicara con la gente de Guaidó y que garantizara que estuvieran enviando cartas, lo antes posible, al Fondo Monetario Internacional, al Banco de Pagos Internacionales e instituciones similares, anunciándoles que ellos eran el gobierno legítimo…”

 

John Bolton detalla que, al día siguiente, Donald Trump estaba más decidido que la noche anterior”, aunque seguía preocupado por la posición institucional del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, y de “todos los altos generales” que declaraban su apoyo a Maduro”. Para convencerlo en la aplicación de los planes, Bolton subraya que: “Le comenté que la verdadera presión estaba a punto de comenzar ya que habíamos impuesto sanciones sobre el petróleo, quitándole una parte considerable de los ingresos al gobierno de Maduro. “Hazlo”, dijo Trump, que era la clara indicación que necesitaba para abordar al Departamento del Tesoro en caso de que aún mantuviera una actitud obstruccionista”.

 

Posteriormente, Bolton llamó al Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, quien “estuvo de acuerdo en que debíamos aplicar las sanciones al petróleo “ahora que habíamos reconocido al nuevo gobierno”.

 

John Bolton también recuerda que, el 26 de enero de 2019, “se reunió el Consejo de Seguridad y Pompeo arremetió contra el gobierno de Maduro. Los miembros de la Unión Europea dijeron que Maduro tenía ocho días para celebrar elecciones o todos reconocerían a Guaidó; un avance considerable sobre lo que pensábamos que era la posición de la Unión Europea. Rusia condenó la reunión como   un   intento   golpe   de   Estado   y   me   acusó personalmente por hacer un llamado a la expropiación de Venezuela (…) al emprenderla contra el monopolio petrolero…”

 

Prosiguiendo con su estrategia, John Bolton afirma que, el 29 de enero de 2019, conversó varias veces con Mnuchin, subrayando que el Secretario del Tesoro “se había pasado todo el fin de semana hablado con ejecutivos de las empresas petroleras y las sanciones en realidad serían mucho más agresivas de lo que había anticipado, lo cual eran buenas noticias. Las predicciones sobre la imposibilidad de actuar contra la compañía petrolera estatal debido a los efectos negativos sobre las refinerías de las Costas del Golfo resultaron ser exageradas; habiendo previsto por años la posibilidad de sanciones sobre el petróleo, estas refinerías estaban “bien posicionadas”, como diría Mnuchin, para buscar otras fuentes de petróleo; las importaciones desde Venezuela ya sumaban menos del 10% de su trabajo total.

 

De acuerdo con Bolton, en la misma fecha, en un encuentro en la Oficina Oval, “Trump estaba muy contento con el seguimiento que le había dado la prensa “al tema de Venezuela”. Me preguntó si debíamos enviar cinco mil efectivos a Colombia en caso de necesitarlas, de lo que tomé debida nota en mi cuaderno amarillo, argumentando que lo consultaría con el Pentágono…”

 

Según el ex Asesor, “fundamentalmente, pensábamos que las sanciones contra el petróleo eran un duro golpe al gobierno de Maduro, y muchos estuvieron de acuerdo que ahora era solo cuestión de tiempo para que cayera. Tenía un optimismo muy alto…”.

 

En su confesión, Bolton señala que, el 30 de enero, Trump llamou a Guaidó y “le deseó buena suerte en la gran manifestación anti Maduro (…) Trump luego le aseguró a Guaidó que él derrocaría a Maduro, y añadió, además, que estaba seguro de que Guaidó recordaría en el futuro lo que había sucedido, lo que era la manera que Trump tenía de mostrarle su interés en los yacimientos petrolíferos de Venezuela. Era un gran momento en la historia del mundo, dijo Trump. Guaidó agradeció a Trump por sus llamados a la democracia y por su firme liderazgo (…) Trump le dijo a Guaidó que podía sentirse en libertad de decirle a las masas en la tarde sobre su llamada, y que esperaba con interés conocerlo personalmente. Guaidó respondió que sería muy, pero muy emocionante para el pueblo escuchar que él había hablado con Trump (…) Trump le dijo que había sido un honor conversar con él, y luego terminó la llamada. Sin dudas fue un impulso para Guaidó anunciar que había hablado con Trump, que por supuesto era nuestra intención”.

 

Continuando con sus planes, John Bolton revelou que, en la misma fecha, sostuvo una reunión “con ejecutivos estadounidenses de Citgo Petroleum Corporation, de participación mayoritaria en la compañía petrolera estatal de Venezuela, para decirles que apoyábamos sus esfuerzos y los de la oposición venezolana, en mantener el control de las refinerías y estaciones de servicio en los Estados Unidos, explicándoles que Guaidó había solicitado asesoría y se la estábamos brindando en sus esfuerzos por nominar a personas como parte de las diferentes juntas directivas de la compañía petrolera…”

 

En cuanto a las posturas de Rusia y China, Bolton confiesa que “pensamos que Guaidó y la oposición aprovecharían la oportunidad para hablar con los diplomáticos rusos y chinos y empresarios de esas naciones, recordándoles que sería conveniente para ellos no tomar partido en el diferendo entre venezolanos”.

 

El ex Asesor de la Casa Blanca precisó que, “dentro del gobierno de los Estados Unidos, también estábamos planificando lo que sucedería “al día siguiente” en Venezuela y considerando qué habría que hacer para levantar nuevamente la economía (…) Reflexionamos mucho en cómo poder ayudar a un nuevo gobierno (…) Pensábamos que era el momento de la oposición, pero ellos tenían que acelerar el paso”.

 

En Venezuela se estaba ideando un plan, que prometía resultados alentadores, para traer suministros humanitarios a través de las fronteras de Colombia y Brasil y distribuirlos en toda Venezuela. Hasta este momento, Maduro había cerrado de forma efectiva las fronteras, (…) El proyecto de ayuda humanitaria demostraría la preocupación que tenía Guaidó por el pueblo venezolano y demostraría, además, que estaban abiertas las fronteras internacionales, reflejando la creciente falta de control de Maduro”. Como es de conocimiento general, este intento obtuvo una respuesta contundente del Gobierno Bolivariano llevando al fracaso la estrategia intervencionista.

 

John Bolton prosigue y afirma que, el 13 de febrero, “Iván Duque, presidente de Columbia, visitó a Trump en la Casa Blanca el 13 de febrero y las conversaciones se centraron en Venezuela”. Para Bolton, a pesar del éxito del encuentro, “preocupaba que nuestro propio gobierno no mostrara un verdadero sentido de urgencia. Existía, en todo el gobierno, una mentalidad obstruccionista “no inventada aquí”, sin duda alguna en parte debido a que, durante los ocho años de Obama, los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua no eran vistos como adversarios de los Estados Unidos (…) Incluso más importante, desde mi punto de vista, era que la creciente influencia de Rusia, China, Irán y Cuba en todo el hemisferio no había sido una prioridad. De hecho, por consiguiente, el Gobierno de Trump enfrentó la avalancha de cuentas pendientes en América Latina sin preparación alguna sobre cómo gestionarlas”.

 

Bolton confirma la prioridad concedida a la situación en Venezuela, pues, “en medio de todo esto, con la inminente Cubre de Trump y Kim Jong Un en Hanói, interrumpí mi itinerario planificado para Asia, cancelé reuniones en Corea para así quedarme en Washington hasta el domingo 24 de febrero y ver lo que sucedía en Venezuela (…) Mi opinión, a finales del sábado 23 de febrero, era que la oposición había hecho muy poco para ayudar a la causa. Me desilusionaba el hecho de que el ejército no hubiese respondido con más deserciones, especialmente entre los oficiales de más alto rango. Me sorprendió igualmente que Guaidó y Colombia no hubiesen puesto en práctica planes alternativos (…) Las acciones parecían incoherentes y desconectadas y realmente no podía determinar si se debía a la falta de planificación previa o a que le habían fallado los nervios…”

 

Al ofrecer más detalles de los planes concertados con la oposición venezolana, John Bolton sostiene que: “Hablé con Pence, quien se dirigía hacia Bogotá para representar a los Estados Unidos en el Grupo de Lima (…) Pence estuvo de acuerdo y dijo que se reuniría con Guaidó en una reunión trilateral con Duque. También le pedí a Pence que presionase para que se impusieran más sanciones al régimen de Maduro, con el fin de demostrar que tenía que pagar un precio por haber bloqueado la entrada de la ayuda humanitaria…”

 

Mientras estuvimos en Hanoi, Venezuela desapareció de la pantalla del radar, pero cuando regresé de Vietnam el 1 de marzo, volvió a ocupar el centro de mi atención…” y, “animado por el exitoso regreso de Guaidó a Caracas, me dispuse a hacer todo lo que estuviese en nuestras manos para aumentar la presión sobre Maduro, empezando por la imposición de sanciones a todo el gobierno y aplicando más medidas contra el sector bancario, cosa que debíamos haber hecho en enero y que finalmente aplicamos. En una reunión del Comité de Directores para discutir nuestros planes (…) Volví a decir que en Venezuela solo teníamos dos opciones: ganar o perder. Empleando una analogía con la crisis del Canal de Suez en 1956, dije que teníamos agarrado a Maduro por el cuello y teníamos que apretarlo (…) Le dije a Mnuchin, que no habría ningún “día después” a menos que aumentáramos la presión dramáticamente y, mientras más pronto, mejor. Este no era un ejercicio académico…”

 

Al finalizar el día 7 de marzo, recibimos noticias sobre los apagones masivos que se estaban produciendo en toda Venezuela (…) Lo primero que pensé fue que a Guaidó o a alguna otra persona se le había ocurrido asumir las riendas del asunto. Sea cual fuere la causa o la extensión o duración del apagón, este tenía que golpear a Maduro, pues era un ejemplo del desastre general que representaba el régimen para el pueblo (…) Las noticias que nos llegaban con el pasar de los días, confirmaban la devastación. Casi todo el país estaba sin electricidad, el aeropuerto de Caracas estaba cerrado (…) ¿Cuán terrible era el daño? Supimos, unos meses después, que una delegación extranjera que había visitado el país concluyó que la infraestructura del país para generar electricidad “no tenía reparación” (…)”.

 

De acuerdo con el ex Asesor de Seguridad Nacional, “el Departamento del Tesoro trataba cada nueva decisión sobre las sanciones como si estuviese dirimiendo un caso penal en un tribunal, donde hay que probar la culpabilidad más allá de cualquier duda razonable. Así no es cómo funcionan las sanciones. De lo que se trata es de utilizar el inmenso poderío económico de los Estados Unidos en beneficio de nuestros  intereses nacionales. Las sanciones resultan muy efectivas  cuando se aplican de forma masiva, rápida y decidida y se hacen cumplir con todo el poder disponible…”

 

“Simultáneamente, también estábamos apretándole las tuercas a La Habana”, implementando las disposiciones claves de la Ley Helms-Burton y sin exenciones.

 

Siguiendo con la política intervencionista de Estados Unidos con respecto a Venezuela, John Bolton destacó que” “Trump parecía mantenerse en su posición. El 19 de marzo, en una conferencia de prensa en la Casa Blanca junto al presidente brasileño Jair Bolsonaro, había comentado: “aún no hemos aplicado a Venezuela las sanciones más severas”. Por supuesto que dicho comentario provocaba la pregunta “¿Y por qué no?” ¿A qué estábamos esperando? (…)”  Pence sopesó toda la situación y persuadió a Trump para que ignorase la oposición del Departamento del Tesoro a sancionar a una de las principales instituciones financieras del gobierno venezolano y a cuatro de sus subsidiarias. Más tarde, Pence me contó que, al darle las instrucciones a Mnuchin, Trump le dijo: “Tal vez sea hora de cerrarle el  negocio a Maduro”.

 

Como contención a estos planes, Bolton reconoció que: “Mientras tanto, a mediados de marzo, Rusia envió nuevas tropas y equipos, incluso catalogó uno de los embarques como ayuda humanitaria, en un intento por esconder el nivel de su presencia. Había fuertes indicios de que enviarían más en los meses siguientes (…) El 27 de marzo (…), Trump estuvo muy bien con la prensa y cuando se le preguntó por la participación de Rusia en Venezuela dijo: “Rusia tiene que salir”, lo que provocó una fuerte impresión, además de ser exactamente lo que yo esperaba que dijera”.

 

John Bolton resalta que, una vez que la prensa se marchó, prosiguió un “debate interesante” y “…Trump me dijo dos veces, refiriéndose a los rusos “Sácalos” y, con relación al régimen cubano “Acaba con ellos (en Cuba)”, instrucciones que yo recibí con agrado. Hubo un momento en que Trump enfatizó que quería que se aplicaran “las sanciones más extremas” contra Venezuela (…) Al concluir la reunión con Rosales, Trump nos dijo a Mnuchin y a mí: “Ahora no se pueden echar para atrás”, y yo dije: “Steve y yo estaremos esperando ansiosamente el momento en cuanto él (Mnuchin) regrese de China.” Yo estaba convencido de que Mnuchin estaba disfrutando ese momento tanto como yo”.

 

Sin embargo, Bolton reitera que “Trump pensaba que Guaidó era “débil”, en comparación con Maduro, que era “fuerte”. Cuando llegó la primavera, ya Trump llamaba a Guaidó el “Beto O’Rourke de Venezuela (joven político inexperto)”, que difícilmente podría considerarse como el tipo de elogio que debía recibir un aliado de los Estados Unidos (…)”

 

Bolton prosigue señalando que: “Para lograr salir victoriosos, teníamos que mejorar nuestra estrategia considerablemente. En una reunión “informal” con los jefes que yo organicé el 8 de abril (…) acordamos aumentar la presión sobre Rusia tanto dentro como fuera del Hemisferio Occidental, desde Ucrania o el Báltico, por ejemplo, o sobre el Gasoducto Nord Stream.

 

En tanto, desde Venezuela, según Bolton, habían recibido información de que el 20 de abril, el día previo a la celebración de la Pascua, podría ser la fecha fijada para las negociaciones que destruirían al régimen. Hasta habíamos escuchado rumores de que el jefe de la policía secreta Manuel Christopher Figuera pensaba que Maduro estaba acabado (…) Esto era importante porque para lograr un verdadero cambio, no bastaba con sacar a Maduro del gobierno. Yo tenía la impresión de que la negociación se centraba demasiado en cómo transcurriría el periodo de “transición”, lo cual era muy riesgoso (…) Desde mi percepción, la secuencia que se esperaba siguieran los acontecimientos era la siguiente: el Tribunal Supremo declararía ilegal a la Asamblea Constituyente, Maduro demitiría, el ejército reconocería a Guaidó como Presidente Interino, la Asamblea Nacional sería reconocida como la única legislatura legítima en Venezuela, y el Tribunal Supremo seguiría en funciones. Este no era el escenario perfecto y desde mi punto de vista, existía el riesgo real de eliminar a Maduro para mantener el gobierno en el poder…”.

 

Con esta confesión se explica cómo se fraguó el intento de golpe de Estado del 30 de abril de 2019.

 

En efecto, según John Bolton, “luego de algunos retrasos por diversas razones, la nueva fecha límite para que la oposición actuara era el 30 de abril. Sentía que el tiempo pasaba rápidamente en contra nuestra, debido a las evidentes preocupaciones de Trump con respecto a Guaidó (…) Tenía presente el recuerdo de todos los errores antes cometidos (…) De todos modos, como se había fijado la acción para el 30 de abril, un día antes del 1º de mayo, fecha para la que Guaidó ya había convocado a realizar manifestaciones masivas en todo el país, quizás ya estaba muy cerca la hora de la verdad. De hecho, así fue. Pompeo me llamó a las 5:25 a.m. del 30 de abril para decirme: “Hay mucho movimiento en Venezuela”, y me comunicó, entre otras cosas, que el General Manuel Cristopher Figuera, que había sido escogido hacía poco como jefe de la SEBIN, órgano esencial de la policía secreta, había liberado al líder opositor Leopoldo López de su prolongado arresto domiciliario…”

 

Bolton reconoció la falta de acompañamiento militar y que las informaciones que manejaba al respecto eran incorrectas y describe lo siguiente: “Yo estaba listo para partir hacia la Casa Blanca y salí un poco antes de lo habitual, con la previsión de que tendría un día muy agitado. Para cuando llegué al Ala Oeste, Guaidó y López estaban en la base aérea La Carlota en el centro de Caracas, que supuestamente se había pasado al bando opositor. Guaidó publicó en Tuiter un video con un mensaje que anunciaba el comienzo de la “Operación Libertad” y hacía un llamado a los militares para que desertaran y a los civiles para que salieran a las calles a protestar. Sin embargo, poco después conocimos que la información sobre la base aérea La Carlota no era verídica, y que Guaidó y López nunca estuvieron realmente dentro de dicha base. Además, en apenas unas horas se demostró que no eran ciertos los informes de que unidades militares que respaldaban a Guaidó habían tomado al menos el control de algunas estaciones de radio y televisión.”

 

En estas situaciones nada sale nunca como se planificó y la improvisación puede en ocasiones marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Pero en Venezuela ese día, todo se fue por la borda. Claramente nos sentíamos frustrados, en gran medida porque estábamos en Washington, lejos de lo que estaba pasando y sobre todo porque no podíamos estar al tanto en tiempo real de los hechos que se sucedían rápidamente. Posteriormente supimos por los líderes opositores que luego que Cristopher Figuera liberara a López del arresto domiciliario, López y Guaidó decidieron continuar con la esperanza de que funcionarios importantes dentro del régimen se les sumaran (…) Cristopher Figuera más tarde buscaría refugio en una embajada de Caracas por temor y huiría a Colombia. Su esposa y las de otros muchos altos funcionarios del gobierno de Maduro ya habían abandonado Venezuela hacia los Estados Unidos…”

 

Tratando de mostrar cierto grado de falso arrepentimiento, John Bolton sostiene que: “Lo que me preocupaba en ese momento era que el fallido levantamiento trajese como consecuencia arrestos masivos de los opositores y un posible baño de sangre que desde enero temíamos podía suceder. Sin embargo, estas consecuencias previstas para el peor de los escenarios no tuvieron lugar ni ese día, ni esa noche, ni en las semanas ni meses subsiguientes (…) No había forma de evadir que aquello no había sido más que una derrota de la oposición. Habían ejecutado una jugada y no habían avanzado ni una yarda (…) Pero el hecho de que perdieran una jugada no significaba que habían perdido todo el partido, si bien nuestro equipo estaba visiblemente decepcionado. Ahora correspondía a la oposición levantarse, sacudirse el polvo y empezar la marcha otra vez.”

 

En una crítica hacia el mandatario estadounidense, su ex Asesor de Seguridad Nacional señala que “Un acontecimiento negativo e innecesario fue la decisión de Trump de llamar a Putin el 23 de mayo, principalmente para abordar otros temas, aunque al final tocó el tema de Venezuela…”

 

Durante los meses siguientes, la economía de Venezuela se deterioró y continuó el declive (…) Se reanudaron las negociaciones entre la oposición y las figuras clave del gobierno. El progreso no fue constante, y hubo largos períodos en los que las negociaciones parecían estancarse. La oposición luchó por encontrar una nueva estrategia tras el fracaso del 30 de abril, con resultados diversos. Una estrategia que podría resultar atractiva sería fomentar la competencia dentro del gobierno para derrocar a Maduro (…) La comunidad venezolana-estadounidense en La Florida, aunque se deprimió por el resultado (…) Y los políticos estadounidenses, desde Trump hacia abajo, se dieron cuenta de que los votantes venezolanos- estadounidenses, por no hablar de los cubanos-estadounidenses y nicaragüenses-estadounidenses, cruciales en La Florida y en otros estados, juzgarían a los candidatos a partir de su apoyo a la oposición venezolana.

 

Siguiendo con sus errores de apreciación sobre el rol institucional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y los llamados a golpe de Estado, John Bolton destaca que, “sin embargo, en Venezuela se prolongó el estancamiento. Ninguno de los dos bandos podía derrotar al otro. Aun así, sería un error decir, como muchos comentaristas han afirmado, que los militares se mantuvieron leales a Maduro (…) Pero es precisamente por eso que, en las circunstancias apropiadas, los militares podrían perfectamente derrocar a todo el gobierno, no sólo a Maduro…”

 

Para finalizar este capítulo dedicado a Venezuela, el ex Consejero Presidencial subraya que: “Al concluir ese último día de abril de 2019, se frustraba el intento de levantamiento el mismo día en que había comenzado como resultado de dos décadas de desconfianza mutua, (…) y algunos errores tácticos cometidos por la inexperta oposición, la ausencia de algún asesor estadounidense en el terreno que pudiera, y subrayo “pudiera”, haber ayudado a marcar la diferencia (…) Expuse todo esto en su momento, con la esperanza de dar continuidad a los esfuerzos de la oposición, y aclarar los hechos históricos. Las recriminaciones después de un fracaso son inevitables, y nos tuvimos que enfrentar a muchas, incluso algunas recriminaciones directas de Trump (…) Pero no se equivoquen: esta rebelión estuvo muy cerca de lograr el éxito. Creer lo contrario sería ignorar una realidad que, a medida que vaya saliendo a la luz más información en los años venideros, sólo se volverá más clara. Tras el fracaso del 30 de abril, la oposición continuó su lucha, y la política estadounidense debería seguir apoyándola (…) Venezuela será libre”.

 

Como puede observarse, en sus memorias el el ex asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump explica, con descaro y cinismo, algunos detalles de las conspiraciones que se tramaron contra Venezuela desde la Casa Blanca, revelando el grado de compenetración existente entre la oposición radical venezolana y el gobierno de Estados Unidos en sus planes para derrocar al gobierno legítimo y constitucional del presidente Nicolás Maduro Moros.

 

Otro material de valiosa utilidad lo encontramos en un artículo publicado, el 26 de junio de 2020, en el diario estadounidense The Wall Street Jornal (WSJ) y en el que se explica cómo la oposición radical venezolana, tras su fracaso del 30 de abril de 2019, condujo la contratación de grupos mercenarios que intentaron invadir las costas venezolanas los días 03 y 04 de mayo de 2020.

 

Resumen-LIBRO DE BOLTON II